Diseñar programas para usuarios idiotas

Me he encontrado hoy con una interesante frase de Linus Torvalds, citada en el blog de Jose M. Aguilar, en un artículo titulado Otras 101 citas célebres del mundo de la informática:

Si piensas que los usuarios de tus programas son idiotas, sólo los idiotas usarán tus programas

Realmente interesante, me hace recordar la de veces que he sufrido una interfaz de usuario diseñada para idiotas, o peor aún, diseñada para Homer Simpson, que pronunció la divertida pregunta ¿Dónde está la tecla ANY?cuando la máquina le presentó el conocido mensaje “press any key…”.

¿Dónde está la tecla ANY?

¿Dónde está la tecla ANY?

En el mundo del software, el exceso de poder en manos del usuario final se ve como un riesgo potencial, al que no hay que exponerse. El riesgo no es ficticio, los idiotas abundan y la autodestrucción (informáticamente hablando) del idiota es un hecho demostrado. El ejemplo básico es el de aquel que estrena un PC y en pocos minutos vuelve a la tienda porque ya no le funciona. Se le coló un virus, borró algún archivo que no había que borrar, o simplemente no reparó en que tomar café encima del teclado puede resultar peligroso.

De esta forma, los desarrolladores se estrujan los sesos para diseñar a prueba de idiotas. Y el resultado, como nos recuerda Linus Torvalds, es que esas herramientas tan cuidadosamente concebidas para que la mente menos capaz no pueda cometer un acto de PC-cidio resultan insufribles para la mayoría de los mortales.

El Windows Vista es el caso práctico. Cada micro-acción que acomete el usuario es convenientemente acompañada de un cuadro de diálogo advirtiendo de los peligros inherentes. ¿Está seguro de que desea borrar? ¿Está seguro de que desea aceptar? ¿Está seguro de que desea pulsar ese botón? Y qué decir de los mensajes recurrentes tipo “Windows ha detectado que no tiene anti-virus”, o los pertinentes mensajes de las actualizaciones. El sistema operativo es obstinado, quiere proteger y acaba siendo agobiante, infernal, insufrible. La configuración del Vista (y del XP) por defecto, es absolutamente inútil, lo que podríamos llamar un Sistema No-Operativo.

Sospecho que se está confundiendo el poder de hacer cosas (que se limita por miedo), con el poder de hacer cosas de forma simple (que debería ser el objetivo final del sistema operativo, y de cualquier programa informático). Realmente, el usuario no es idiota, o no es más idiota que el idiota que está diseñando la interfaz de usuario. El usuario sólo quiere que para hacer una tarea básica la aplicación le proporcione una vía simple, directa y comprensible.

Quizá lo que habría que hacer es diseñar para que los usuarios más idiotas puedan hacer lo mismo que hacen los que saben la tabla de multiplicar en binario y programan en ensamblador. Supongo que es un reto, pero creo que no estamos tan lejos de lograrlo. De momento, los que hemos renegado del Vista hemos descubierto que se puede hacer lo mismo, más fácilmente. Para los que somos idiotas es un verdadero alivio.

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El Tribunal Constitucional francés rechaza la Ley Sarkozy

Prohibido navegar

Prohibido navegar

La noticia, que puede leerse en Publico.es (El Constitucional francés tumba la “ley antidescargas”), y en decenas de blogs y páginas de noticias, nos devuelve la esperanza de encontrar un camino razonable y justo al problema de la difusión en Internet de obras con coypyright. Ya lo hemos dicho muchas veces, la copia privada es legal en el actual marco legislativo siempre que no haya ánimo de lucro, y si realmente se considera necesario emprender alguna acción para regular las descargas de Internet de discos y películas, no debe tomarse el camino de la criminalización del hecho en sí de compartir, ni deben otorgarse privilegios especiales a organismos públicos o privados (cortar la conexión al tercer aviso), ni deben cercenarse derechos universales (como por ejemplo, el acceso a Internet).

Porque sí, lo dice el Tribunal Constitucional francés, Internet es un derecho fundamental y sólo puede ser restringido por un juez. Me hace pensar esto en la larga lista de países en los que Internet no es libre porque el gobierno simplemente controla el acceso a la red, lo limita y lo manipula para sus propios intereses, e incluso persigue a quien osa conectarse. Esto es lo que sucede, de una u otra forma, en países como China, Cuba, Corea del Norte, Irán o Arabia Saudí, entre otros, según la lista de los 13 países enemigos de Internet publicada por la asociación Reporteros sin Fronteras.

Este no es el mundo en el que queremos vivir, y por ello, nos alegramos de las noticias que nos llegan de Francia, por su significado y calado internacional, viniendo además del país de la Déclaration des droits de l’Homme et du citoyen. Esperamos que cunda el ejemplo y que no haya más leyes de los tres avisos.

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Microsoft lanza Bing, una copia de la esencia de Google

Logo de Bing

Logo de Bing

Microsoft ha lanzado Bing, la enésima vuelta de tuerca del fracasado Microsoft Live Search o el nuevo intento del gigante informático de relanzar su motor de búsqueda. Bing es sin duda un clon casi perfecto de Google. Algunos incluso dirán que es mejor (ya hay múltiples comparativas en Internet que presentan ambos buscadores cara a cara, frente a pruebas diversas, e incluso he encontrado una página que permite buscar en ambos a la vez y comparar).

No es mi intención compararlos. El parecido del primer impacto es incuestionable. Sin embargo, las entrañas de ambos motores de búsqueda son difícilmente comparables, y diferirán notablemente en la forma en que indexan la información, filtran los datos, asignan grado de relevancia o construyen la página de resultados, entre otras cosas. Pero al final, lo que vemos es muy similar: ambos buscadores son rápidos, están plenamente centrados en la función de búsqueda de información y tienen por objeto ser el Buscador de Internet, con mayúsculas (actualmente este título es, naturalmente, de Google).

La pregunta que me hago es: ¿podrá Microsoft hacerse con parte del enorme pastel que actualmente se zampa Google casi en exclusiva?

Hubo un tiempo en que Google no existía. Fue la que yo llamaría (con enorme atrevimiento, lo sé) la era Yahoo!. Yahoo! lideró durante mucho tiempo el universo de las búsquedas de Internet, poseía uno de los indices de contenidos más completos, y era el camino a seguir si se quería tomar un ejemplo de éxito en Internet. Y entonces llegó Google.

¿Qué propició el cambio radical en la tendencia de los usuarios de Internet? ¿Por qué dejamos de usar Yahoo! (o Lycos, o Excite, o Altavista) y pasamos a usar masivamente Google? Creo que hubo tres factores determinantes que marcaron la enorme diferencia entre Google y el resto de sus competidores: velocidad, relevancia y completitud.

Velocidad: los motores de búsqueda perdieron el norte, es la cruda realidad, y se convirtieron en portales horizontales, llenos de contenidos innecesarios e irrelevantes. La función de búsqueda pasó a un segundo plano, y el peso de los contenidos extra penalizó enormemente la carga de la página de inicio del buscador. Además, los motores de búsqueda no estaban optimizados y eran en algunos casos penosamente lentos. Google captó la esencia de la velocidad en la función de búsqueda. Busco algo y lo encuentro en milisegundos, sin esperar a que se cargue una pesada página de un portal horizontal que no me sirve para nada, sin publicidad, sin lentitud en el despliegue de los resultados.

Relevancia: la fórmula de Google para evaluar la relevancia de la información con respecto a los criterios de búsqueda que introduce el usuario sigue siendo un gran misterio, y forma parte de su éxito. Los resultados de Google eran más relevantes que los de la competencia, y permitían localizar las páginas más interesantes y mejor relacionadas a los criterios de búsqueda. También mejoró notablemente la forma en que se construían las búsquedas, y proporcionó mecanismos para buscar mejor de forma directa.

Completitud: Google se propuso indexarlo todo, y consiguió superar a competidores que llevaban años de ventaja en esta tarea. Descartó desde el principio la creación de índices y la aportación de los usuarios para crear la base de datos de contenidos indexados, otra apuesta interesante y novedosa en aquella época.

Probablemente mi visión sea parcial e incompleta, pero me permite establecer una comparación entre el cambio a Google y el posible cambio a Bing. Bing no aporta nada nuevo, es una copia. No es más rápido (al menos, apreciablemente), no ofrece resultados más relevantes (la primera búsqueda comparativa que hice me demostró que Google sigue siendo imbatible en esto), y no estoy seguro de que sea más completo. ¿Qué aporta Bing entonces? ¿Por qué cambiar?

No veo futuro en Bing. Nada me mueve a cambiar, y reconozco que estoy acostumbrado a Google. Supongo que Microsoft ejercerá presión mediante su navegador y su sistema operativo, pero esto ya lo hemos vivido antes. ¿Será suficiente?

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Por qué no hay que odiar a Microsoft

Logo Microsoft

Logo Microsoft

Microsoft está a punto de lanzar el Windows 7, el sistema operativo que hará que los usuarios olviden las penurias sufridas con el Windows Vista, que los fabricantes de ordenadores puedan ofrecer al cliente un producto competitivo, y que los fabricantes de software puedan vender nuevas versiones de sus viejos productos, ahora sí, para un sistema operativo que funciona. Todos ellos tienen, al parecer, motivos para odiar a Microsoft por no haber fabricado antes el Windows 7 (mucho antes). Pero lo cierto es que, si se piensa un poco, todos ellos deberían estar eternamente agradecidos a Bill Gates.

El planteamiento que me hago es el siguiente: Microsoft ha impulsado como nadie la industria informática, a base de grandes e increíbles errores, de los que no podemos si no estar eternamente agradecidos. ¿Cómo es esto posible?

Desde el primer sistema operativo Windows hasta hoy, los agujeros de seguridad del software de Microsoft se cuentan por millares. El impacto en el usuario, probablemente nefasto, se compensa con el enorme empuje y desarrollo dado a los fabricantes de software de seguridad, ya sean antivirus, firewalls, detectores de spyware, o de troyanos. Las empresas de este sector se frotan las manos cada vez que Microsoft mete la pata. No en vano, el beneficio que genera el mercado del software de seguridad fue en el año 2008 de más de 200 millones de dólares.

Los desarrolladores de las diferentes versiones de Linux no han contribuido para nada al desarrollo de esta industria. Tampoco ha contribuido mucho Apple y su OS X. En estos sistemas operativos (y en muchos otros, naturalmente), los problemas de seguridad son poco frecuentes, y los virus especies en extinción.

Y lo mismo podemos decir de la enorme cantidad de empresas dedicadas al desarrollo de aplicaciones para suplir las increíbles deficiencias del Windows 2000, del XP, del Office y de tantos otros productos fabricados bajo el imperio de Bill Gates. Hablo de aplicaciones de limpieza del registro, optimización de la configuración, gestión del almacenamiento y de la memoria, cifrado de datos y seguridad, etc.. El abanico es amplio. Microsoft es una mina para todos ellos.

El gigante de Redmond es también el mecenas del software libre. Gracias a Microsoft y a la mala calidad de sus invenciones, la comunidad ha reaccionado e impulsado opciones de software libre mucho más eficientes y funcionales. El ejemplo más claro es el Internet Explorer: ¿existiría el Firefox si Microsoft hubiera desarrollado un navegador decente para su sistema operativo?

¿Y qué decir de los fabricantes de hardware, componentes y ordenadores? Sin duda deberían proponer la beatificación de Gates y establecer rutas de peregrinación a las oficinas centrales de Redmond como símbolo de gratitud. Cada nueva versión del Windows ha requerido más disco duro, más memoria, más CPU, más de todo, aunque al final no aportara nada realmente.

El Vista ha sido el climax del más de todo, y menos que nada. Como bien reza una popular frase de Internet, la velocidad de los ordenadores se duplica cada año, justo el tiempo que tarda Microsoft en sacar una nueva versión de su sistema operativo, para volver a la situación anterior.

Para terminar, nos queda sólo aclarar por qué los usuarios deberían amar Microsoft. Ellos no parecen obtener ningún beneficio, y son conscientes de que van a sufrir innumerables problemas. Quizá esto sea en sí mismo un aliciente: ¿en qué iba el usuario a entretenerse si todo funcionara a la primera? Pero yo me inclino más por la explicación de Esther Schindler (OS/2 Magazine):

Microsoft’s biggest and most dangerous contribution to the software industry may be the degree to which it has lowered user expectations.

Id est,

La mayor y más peligrosa contribución de Microsoft a la industria del software podría ser el grado en que ha rebajado las expectativas del usuario.

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De cómo poner un disco duro en red

Compartir discos en la red

Compartir discos en la red

Poner un disco duro en red es uno de los problemas a los que me he enfrentado recientemente. El problema es muy simple: mi disco duro multimedia está en el salón, y la operación de desplazarlo a la habitación donde está el ordenador para copiar los archivos, si bien no supone gran esfuerzo, es bastante tediosa y en cierto modo, no está exenta de peligros (como por ejemplo, que el disco duro acabe estrellado contra el suelo). La idea de que el propio disco duro pueda conectarse a una LAN ya no es nueva, y algunos de los discos que se venden incorporan todo lo necesario para tal fin. Pero el mío no, pitty.

Mis investigaciones dieron pronto con los NAS, o Network Attached Storage. El más conocido es el NSLU2, de Linksys, un aparatito descatalogado que es codiciada pieza de coleccionista. En un tamaño reducido implementa un ordenador con un mini Linux, que ha sido modificado por una comunidad de desarrolladores anisosos de explotar las posibilidades del pequeño invento. El NSLU2 tiene 2 puertos USB y un conector ethernet, lo que automáticamente nos permite poner 2 discos duros en red (siempre que dispongamos de un router, naturalmente). El firmware modificado, además de eso, permite convertirlo en un servidor de correo electrónico, de páginas web, de FTP, en un proxy, o en un dispositivo multimedia, entre otras posibles funciones.

Rebuscando en las macro tiendas de informática, encontré otro pequeño aparto para poner dispositivos USB en red. Se trata del Belkin Network USB Hub. Con ese curioso nombre, Belkin comercializa un hub USB que tiene un conector RJ45 para conectar los dispositivos USB directamente a un router vía ethernet, en vez de a un ordenador vía USB. Además, se suministra una aplicación cliente, que a través de la LAN, se comunicará con el hub, de forma que los dispositivos a él conectados parezcan estar directamente en un puerto USB del ordenador.

Se trata de una forma muy simple de colocar en red dispositivos USB. Si el router es wireless, además tendremos acceso inalámbrico a los dispositivos (claro que esto es una trampa, ya que la capacidad inalámbrica la proporciona el router, no el hub). El acceso a los dispositivos es totalmente transparente para el usuario, gracias a la citada aplicación. Así, no tendremos que conectarnos al hub, y después, a un dispositivo conectado al hub. Para el usuario, el hub no existe. Realmente elegante.

La solución sería perfecta si no fuera porque, inexplicablemente, este dispositivo no es capaz de alcanzar, ni de lejos, las velocidades de transferencia del estándar USB 2.0, que curiosamente dice soportar. El engaño es manifiesto cuando conectas el disco, te pones a copiar archivos, y observas que lo que antes tardaba 2 minutos, ahora tarda 20. Se trata de una limitación del hardware asociada probablemente a la arquitectura minimalista del dispositivo. Pero resulta difícil de comprender que un hub con 5 puertos USB 2.0 para colocar discos duros, impresoras, escáneres y reproductores MP3 en red no sea capaz de pasar del megabit por segundo. Lástima. Habrá que seguir buscando.

Lo único que queda es observar el parecido, más que razonable, entre el diseño de este hub y el del AirPort Extreme, de Apple. No son lo mismo, obviamente, pero ¡cómo se parecen!

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¿Es legal vender un PC con OS X sin llamarse Apple?

Logo PearC

Logo PearC

Es sabido que los últimos ordenadores de Apple tienen en su interior una arquitectura x86, la misma que utilizan los PC estándar de cualquier otro fabricante. La posibilidad de instalar OS X en un HW que no lleve la marca de Apple es, por tanto, un hecho conocido, no exento de complicaciones en algunos casos (sobre todo cuando el hardware es muy diferente del que llevan los ordenadores de la manzanita). Los sistemas que resultan tienen su propio nombre (hackintosh), y sus seguidores son ya una legión (basta visitar la página web de InsanelyMac para darse cuenta de ello).

El hecho de poder utilizar un sistema operativo como el OS X en una máquina no Apple presenta serios atractivos. En la parte software, se consigue una alternativa al Microsoft Windows diferente, moderna y muy competitiva, que sin duda engancha por su diseño, funcionalidad y gran robustez. Y en lo que respecta al hardware, se tienen todas las ventajas de la arquitectura x86 estándar (economía, posibilidad de actualizar los componentes que se vayan quedando obsoletos, y de reemplazar los que fallen).

No es de extrañar entonces que haya aparecido un fabricante de ordenadores alemán que comercialice equipos con el sistema operativo de Apple preinstalado. El PearC, que así se llama la gama de PCs, se vende con el atrevido lema “El PC con Mac OS X” (Der PC Mit Mac OS X), y viene, por supuesto, con el Leopard preinstalado. El fabricante asegura que esto es totamente legal (yo diría que es increíblemente legal), porque el contrato de licencia de usuario del OS X no es válido en Europa. Para serlo el cliente debe aceptarlo antes de comprar el producto según las leyes europeas.

Esto debe ser así en Alemania: la Wikipedia alemana explica esta particularidad en la página dedicada al EULA, donde se indica que el acuerdo de licencia sólo aplica si el comprador y el vendedor lo aceptan durante la compra, y que cualquier EULA que se muestre al usuario después de la compra (como el que incluyen los programas informáticos durante su instalación) no es de obligado cumplimiento para el comprador. Por ello, y siempre en Alemania, los EULAs tienen que mostrarse en la caja del producto (me gustaría ver cómo lo hacen), no siendo válidos tampoco los que aún estando impresos, están dentro de la caja. Sorprendente.

Me pregunto si será igual en otros países de la UE. En España, lo dudo. Los acuerdos de licencia casi siempre se aceptan durante la instalación del software, y no recuerdo ninguna situación en la que esto haya supuesto la invalidez de las restricciones de uso, o de las obligaciones que contrae el usuario al aceptar el acuerdo.

El debate es aún más confuso, ya que Apple no vende su sistema operativo como un producto, sino que se incluye con el hardware (el ordenador). Las únicas licencias que comercializa son las de actualización de versión. Esto implica además que si se dispone de un disco de instalación del OS X, no se necesita una clave o número de serie para su instalación en un equipo (sea de Apple o no). Apple presupone que sus usuarios son genuinos, y que cuando instalan el SO lo hacen en el hardware de la marca. Pero en el EULA (que se muestra en la pantalla durante la instalación) se advierte claramente que sólo se puede instalar en ordenadores manufacturados por Apple, y que en caso de no ser así se viola la licencia de uso.

Lo cierto es que la idea del PearC es fantástica. Los equipos son realmente buenos, y la incorporación del OS X los hace aún más atractivos. Queda la duda de si estos equipos se pueden actualizar normalmente a las nuevas versiones del Leopard, y sobre todo, si funcionará en ellos el futuro Snow Leopard. Probablemente no. Pero en ese caso, siempre se puede instalar otro SO. Si fuera realmente legal fuera de Alemania, sería seguramente un éxito. ¿Llegaremos a verlos en España? Al tiempo.

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