Archivo categoría Sociedad y Tecnología
La mentira del para siempre del DVD
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 15/Abr/2010
Antes, cuando uno compraba una película en VHS, sabía que lo que estaba comprando tenía fecha de caducidad. Los soportes magnéticos eran, por su propia naturaleza, efímeros. Se degradaban con el uso (cada vez que la cabeza lectora pasaba por encima de la cinta), pero también se degradaban con el paso del tiempo (la película magnética perdía sus propiedades, se desmagnetizaba y se desprendía con los años).
Con la era digital y los nuevos formatos físicos de almacenamiento de la información, la situación pareció dar un giro importante: el DVD es un soporte muy duradero, que no se degradan ni con el uso (con el buen uso), ni con el tiempo. La idea de adquirir obras audiovisuales en estos formatos y edificar en el salón de casa una torre de DVDs, sabiendo que el día de mañana seguirían sonando y viéndose como el primer día, resultaba muy atractiva.
Pero después de meditarlo, he llegado a la conclusión de que en la Sociedad de la Información el para siempre es una mentira. Se trata realmente de un hasta mañana.
Me explico. La obsolescencia digital no se debe sólo al formato físico, sino también al formato lógico, es decir, al formato del fichero digital. Y el problema no es que el software de mañana no vaya a ser capaz de mostrar en mi televisión una película codificada con MPEG-2 (el formato de codificación habitual de una película en DVD). La compatibilidad descendente está, casi siempre, garantizada. El problema es que una película en ese formato tiene una calidad de imagen claramente insuficiente para la era de la alta definición. La realidad es que el DVD se ve mal en las grandes televisiones LCD Full HD.
Se trata, por tanto, de un problema de obsolescencia del formato lógico. Los nuevos algoritmos de codificación, utilizados por ejemplo en el Blu-ray Disc (entre ellos, el ya popular H.264 o MPEG-4 parte 10), comprimen más y mejor, y permiten utilizar la resolución de imagen de 1080 puntos, propia de la alta definición.
Me veo, una vez más, obligado a actualizar mi colección de DVDs, si quiero seguir disfrutando de mis películas favoritas, porque en mi nueva televisión LCD Full HD, los DVDs se ven mal, muy mal. Es una cruda realidad. El upscaling unido a la alta compresión de la información de los DVDs destroza la imagen. El deseado para siempre, ha sido, una vez más, un simple hasta mañana. Y el mañana es hoy.
La retro-innovación del iPhone
Por ivan - Hardware, Mundo Apple, Sociedad y Tecnología - 31/Mar/2010
Hace unos días me tocó aguantar uno de esos cursos de visión y estrategia corporativa.
Reconozco que soy alérgico a las visiones casi tanto como a las estrategias, cuando llevan la coletilla de “corporativas” y vienen empaquetadas en forma de curso para mejorar mi propio desarrollo personal. El efecto en mi organismo de este tipo de sesiones suele ser el mismo que me produce observar la mirada de una oveja mientras mordisquea un matojo de hierbas: solemne aburrimiento.
Una de las ideas que surgió de aquella sesión ha dado vueltas en mi cabeza desde entonces. Para ilustrar un concepto, se presentó un ejemplo de un sistema de fichas para controlar las tareas pendientes como algo innovador. Instantáneamente, me vino a la mente un nuevo término, la retro-innovación.
La aplicación de modelos, estructuras e incluso diseños antiguos a elementos modernos no es tan rara. Tenemos ejemplos por todas partes, y algunos de ellos han resultado ser notables éxitos. En el mundo de la automoción, Volkswagen abrió la caja de la retro-innovación fabricando el New Beetle a partir del diseño de un modelo antiguo (el mítico escarabajo), y la idea funcionó tan bien que luego fue copiada por BMW (Mini) y Fiat (Fiat 500), entre otros.
Otros ejemplos se me vienen a la cabeza, más directamente relacionados con el mundo digital. Los fabricantes de reproductores MP3 han visto un filón en los usuarios que tienen discos de vinilo y no saben qué hacer con ellos. Así que retro-innovan fabricando un tocadiscos digital (bueno, sería más bien un tocadiscos que pervierte la esencia analógica del vinilo, convirtiéndolo en un MP3, para que el usuario pueda traspasar su colección a un reproductor MP3 en un santiamén).
Pero donde ha hecho más daño esta tendencia retro-innovadora ha sido en la telefonía móvil, y todo gracias a la imparable imagen de una marca: Apple. De Apple fue la idea de “innovar” en la telefonía móvil dotando al iPhone de una pantalla táctil como única interfaz de usuario. Pero este ejemplo de innovación es, aunque no lo parezca, algo retro. Las pantallas táctiles fueron inventadas hace muchos años, y su uso se ha popularizado en TPVs, navegadores GPSs y otros dispositivos que se caracterizan, sobre todo, por una interacción con el usuario muy simple y basada en unos pocos comandos. Nada que ver con el tipo de interacción que necesita un teléfono móvil, más aún cuando estos dispositivos permiten ya navegar por internet y acceder al correo electrónico, entre otras funciones avanzadas que reclaman la presencia de un teclado alfanumérico.
Las PDAs han experimentado desde siempre los problemas de las pantallas táctiles, pero en este caso, el dispositivo incorporaba un elemento apuntador (el típico palito), y la combinación de ambos suplía la función del ratón de un ordenador convencional. Pero la pantalla táctil de los teléfonos móviles se usa con el dedo (o los dedos, según el caso). El resultado es decepcionante: la interfaz es lenta, difícil de usar, poco intuitiva y terriblemente confusa, por la forma poco natural en que se muestran las opciones “pulsables”. Debido al pequeño tamaño de las pantallas en comparación con el tamaño medio de un dedo, los teclados gráficos requieren gran habilidad para acertar con la tecla correcta. El uso de ayudas a la escritura (predicción de palabras, lupas, y demás artificios) solo mitigan en parte la terrible dificultad que entraña el uso de estos teclados táctiles que además, son diferentes en cada dispositivo.
Apple ha conseguido que su idea retro-innovadora haya sido copiada por casi todos los fabricantes de teléfonos móviles, y ahora es el usuario quien sufre esta estúpida moda, que espero termine pronto. Algunos fabricantes ya han recapacitado, y ofrecen teclados deslizantes que se esconden para que el aspecto del teléfono siga siendo similar al del iPhone.
Espero que cada vez más fabricantes recuerden que para usar un teléfono móvil es imprescindible un teclado, del mismo modo que para conducir un coche hace falta un volante, y para usar una televisión un mando a distancia. O tal vez no, y lo próximo que veamos sean las televisiones táctiles…
La televisión ya no es lo que era
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 17/Mar/2010
Este fin de semana he experimentado de primera mano lo que es la obsolescencia absoluta. Me he visto abriendo la caja de mi televisión, con la absurda idea de reparar una avería tonta, pero terriblemente molesta. Y es que mi vieja tele, de cuando en cuando, se apaga. Sin previo aviso. A veces ni llega a encenderse. Es el momento en que pienso verdaderamente que debo comprar una tele nueva.
¡Horror! ¡Una tele nueva! Las teles ya no son lo que eran. Nuestros padres nacieron sin tele (qué viejos somos, madre mía), vivieron el blanco y negro, y cuando llegó el color, habían pasado 30 años. Las teles de entonces eran de 21 pulgadas (o menos), con horribles cajas de madera, y unos pocos canales que se seleccionaban mediante botones que parecían interruptores de la luz. Esas teles tenían tubos de rayos catódicos, un invento que nos ha acompañado casi durante un siglo.
Sin embargo, el tubo catódico ha muerto. Las nuevas teles son de 37 pulgadas o más (las de 32 pulgadas son las pequeñas), pesan la décima parte y tienen un tamaño ridículo comparado con los cajones de hace solamente 10 años. La tecnología ha revolucionado el ocio doméstico, pero debo decir que ya era hora, sí señor.
Tantos años yendo al cine para ver las pelis como Dios manda, y ahora resulta que la alta definición está en casa. Lo que me molesta de todo esto no es haber tenido que esperar tanto (eso en todo caso podría ser una queja de nuestros sufridos padres). Lo que realmente es hiriente es la forma en que la industria introduce los cambios tecnológicos en los hogares, para sacar el máximo beneficio.
Porque, no nos engañemos, las pantallas LCD existen desde hace tiempo. Pero las televisiones han sufrido una metamorfosis mucho más lenta. Primero fue la pantalla plana de tubo, luego el 16:9, después el plasma, el LCD, la TDT, el HD Ready y, ya por fin, el Full HD. Seguro que me dejo algo. El que se haya actualizado con cada cambio tecnológico, habrá tenido 7 televisiones distintas en poco más de 10 años (y se habrá dejado un capital importante). Los que no tengan dinero para tanto derroche, estarán en algún punto intermedio. Y los que compremos la tele ahora, el año que viene veremos como sale algo nuevo que nos deja, otra vez, anticuados.
Señores fabricantes de televisiones, por favor, fabriquen una tele que tenga ya todo, que ya cansa tanto cambio.
El Tribunal Constitucional francés rechaza la Ley Sarkozy
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 12/Jun/2009
La noticia, que puede leerse en Publico.es (El Constitucional francés tumba la “ley antidescargas”), y en decenas de blogs y páginas de noticias, nos devuelve la esperanza de encontrar un camino razonable y justo al problema de la difusión en Internet de obras con coypyright. Ya lo hemos dicho muchas veces, la copia privada es legal en el actual marco legislativo siempre que no haya ánimo de lucro, y si realmente se considera necesario emprender alguna acción para regular las descargas de Internet de discos y películas, no debe tomarse el camino de la criminalización del hecho en sí de compartir, ni deben otorgarse privilegios especiales a organismos públicos o privados (cortar la conexión al tercer aviso), ni deben cercenarse derechos universales (como por ejemplo, el acceso a Internet).
Porque sí, lo dice el Tribunal Constitucional francés, Internet es un derecho fundamental y sólo puede ser restringido por un juez. Me hace pensar esto en la larga lista de países en los que Internet no es libre porque el gobierno simplemente controla el acceso a la red, lo limita y lo manipula para sus propios intereses, e incluso persigue a quien osa conectarse. Esto es lo que sucede, de una u otra forma, en países como China, Cuba, Corea del Norte, Irán o Arabia Saudí, entre otros, según la lista de los 13 países enemigos de Internet publicada por la asociación Reporteros sin Fronteras.
Este no es el mundo en el que queremos vivir, y por ello, nos alegramos de las noticias que nos llegan de Francia, por su significado y calado internacional, viniendo además del país de la Déclaration des droits de l’Homme et du citoyen. Esperamos que cunda el ejemplo y que no haya más leyes de los tres avisos.
Por qué no hay que odiar a Microsoft
Por ivan - Sociedad y Tecnología, Software - 5/Jun/2009
Microsoft está a punto de lanzar el Windows 7, el sistema operativo que hará que los usuarios olviden las penurias sufridas con el Windows Vista, que los fabricantes de ordenadores puedan ofrecer al cliente un producto competitivo, y que los fabricantes de software puedan vender nuevas versiones de sus viejos productos, ahora sí, para un sistema operativo que funciona. Todos ellos tienen, al parecer, motivos para odiar a Microsoft por no haber fabricado antes el Windows 7 (mucho antes). Pero lo cierto es que, si se piensa un poco, todos ellos deberían estar eternamente agradecidos a Bill Gates.
El planteamiento que me hago es el siguiente: Microsoft ha impulsado como nadie la industria informática, a base de grandes e increíbles errores, de los que no podemos si no estar eternamente agradecidos. ¿Cómo es esto posible?
Desde el primer sistema operativo Windows hasta hoy, los agujeros de seguridad del software de Microsoft se cuentan por millares. El impacto en el usuario, probablemente nefasto, se compensa con el enorme empuje y desarrollo dado a los fabricantes de software de seguridad, ya sean antivirus, firewalls, detectores de spyware, o de troyanos. Las empresas de este sector se frotan las manos cada vez que Microsoft mete la pata. No en vano, el beneficio que genera el mercado del software de seguridad fue en el año 2008 de más de 200 millones de dólares.
Los desarrolladores de las diferentes versiones de Linux no han contribuido para nada al desarrollo de esta industria. Tampoco ha contribuido mucho Apple y su OS X. En estos sistemas operativos (y en muchos otros, naturalmente), los problemas de seguridad son poco frecuentes, y los virus especies en extinción.
Y lo mismo podemos decir de la enorme cantidad de empresas dedicadas al desarrollo de aplicaciones para suplir las increíbles deficiencias del Windows 2000, del XP, del Office y de tantos otros productos fabricados bajo el imperio de Bill Gates. Hablo de aplicaciones de limpieza del registro, optimización de la configuración, gestión del almacenamiento y de la memoria, cifrado de datos y seguridad, etc.. El abanico es amplio. Microsoft es una mina para todos ellos.
El gigante de Redmond es también el mecenas del software libre. Gracias a Microsoft y a la mala calidad de sus invenciones, la comunidad ha reaccionado e impulsado opciones de software libre mucho más eficientes y funcionales. El ejemplo más claro es el Internet Explorer: ¿existiría el Firefox si Microsoft hubiera desarrollado un navegador decente para su sistema operativo?
¿Y qué decir de los fabricantes de hardware, componentes y ordenadores? Sin duda deberían proponer la beatificación de Gates y establecer rutas de peregrinación a las oficinas centrales de Redmond como símbolo de gratitud. Cada nueva versión del Windows ha requerido más disco duro, más memoria, más CPU, más de todo, aunque al final no aportara nada realmente.
El Vista ha sido el climax del más de todo, y menos que nada. Como bien reza una popular frase de Internet, la velocidad de los ordenadores se duplica cada año, justo el tiempo que tarda Microsoft en sacar una nueva versión de su sistema operativo, para volver a la situación anterior.
Para terminar, nos queda sólo aclarar por qué los usuarios deberían amar Microsoft. Ellos no parecen obtener ningún beneficio, y son conscientes de que van a sufrir innumerables problemas. Quizá esto sea en sí mismo un aliciente: ¿en qué iba el usuario a entretenerse si todo funcionara a la primera? Pero yo me inclino más por la explicación de Esther Schindler (OS/2 Magazine):
Microsoft’s biggest and most dangerous contribution to the software industry may be the degree to which it has lowered user expectations.
Id est,
La mayor y más peligrosa contribución de Microsoft a la industria del software podría ser el grado en que ha rebajado las expectativas del usuario.
La propiedad intelectual del ruido
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 24/May/2009
Hace unos días pude leer varios capítulos del interesante libro de David Bravo “Copia este libro”. En el capítulo titulado Falsos dogmas, se citan varios ejemplos de situaciones sorprendentes derivadas de los derechos de propiedad intelectual, y la legislación existente para protegerlos. Uno de los que más llamó mi atención fue el del silencio y su propiedad intelectual, registrada a nombre de John Cage, compositor experimental americano, pionero de la música aleatoria, y muy conocido por su composición 4′33”, una pieza musical que se interpreta sin hacer sonar los instrumentos.
Los herederos de los derechos de la obra de John Cage demandaron al grupo The Planets en el año 2002, por incluir en uno de sus discos una canción titulada “A one minuto silence“. La canción consistía precisamente en eso, 60 segundos de silencio, y en sus créditos aparecía, además del nombre del líder del grupo, Mike Batt, el de John Cage. La demanda se cerró con un acuerdo económico entre las partes.
El hecho de que pueda registrase el silencio como una obra musical, y de que tal composición (o ausencia de composición) pueda tener derechos de autor, me parece surrealista. Sin embargo, después de leer el interesante artículo de Richard Hillesley “A Better Silence – John Cage and copyright“, he comprendido el error de concepto que se esconde detrás de la famosa pieza de John Cage, 4′33”.
La obra de John Cage no es, en realidad, un largo silencio de 4 minutos y 33 segundos de duración. Son 4 minutos y 33 segundos de todo lo contrario: de ruido. Se trata realmente de escuchar los sonidos que haya en el ambiente durante los 4 minutos y 33 segundos en los que los músicos están tocando los silencios de la partitura. Hablamos por tanto de respiraciones, carraspeos, toses, algún que otro murmullo, el crujir de los asientos, y otros ruidos propios de una audiencia viendo a varios músicos que no tocan sus instrumentos.
Y digo yo, ¿puede el ruido tener derechos de propiedad intelectual? ¿O quizá se trata de un ruido concreto, especial? Si realmente esto es así, cada vez que una orquesta se prepare para empezar a tocar una obra (de las de verdad), tendrá que pagar derechos por el ruido de ambiente que se produce en el auditorio. Quizá los herederos de John Cage no han advertido este detalle, y estén dejando pasar una verdadera mina de oro en derechos de autor.
La propiedad intelectual del ruido es como la de la nota do, un absurdo. El esfuerzo intelectual que supone crear ruido es equivalente al de pulsar la primera tecla de un piano, para que suene el do. Esta sería una obra propia de un autor experimental, como John Cage. Podríamos titularla Nota Do, y duraría unos 5 segundos. Serían 5 segundos de un do genial, que nos proporcionaría beneficios cada vez que otro músico osara incluir un do igual en su partitura.
Supongo que mi nota do no me hará rico. Pero el ruido ambiente de John Cage, disfrazado de silencio, ha dado sus frutos. Y no ha sido el primero, ni el último, en vender canciones de ruido o de silencio. En Amazon podemos encontrar, por ejemplo, la canción “(Silence)”, a la venta por 0,99$. Este tema de 63 segundos es otra obra silenciosa, compuesta por Ciccone Youth. Un precio ridículo, si realmente conseguimos tener el Silencio, con mayúsculas.






