Archivo categoría Sociedad y Tecnología
El Tribunal Constitucional francés rechaza la Ley Sarkozy
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 12/Jun/2009
La noticia, que puede leerse en Publico.es (El Constitucional francés tumba la “ley antidescargas”), y en decenas de blogs y páginas de noticias, nos devuelve la esperanza de encontrar un camino razonable y justo al problema de la difusión en Internet de obras con coypyright. Ya lo hemos dicho muchas veces, la copia privada es legal en el actual marco legislativo siempre que no haya ánimo de lucro, y si realmente se considera necesario emprender alguna acción para regular las descargas de Internet de discos y películas, no debe tomarse el camino de la criminalización del hecho en sí de compartir, ni deben otorgarse privilegios especiales a organismos públicos o privados (cortar la conexión al tercer aviso), ni deben cercenarse derechos universales (como por ejemplo, el acceso a Internet).
Porque sí, lo dice el Tribunal Constitucional francés, Internet es un derecho fundamental y sólo puede ser restringido por un juez. Me hace pensar esto en la larga lista de países en los que Internet no es libre porque el gobierno simplemente controla el acceso a la red, lo limita y lo manipula para sus propios intereses, e incluso persigue a quien osa conectarse. Esto es lo que sucede, de una u otra forma, en países como China, Cuba, Corea del Norte, Irán o Arabia Saudí, entre otros, según la lista de los 13 países enemigos de Internet publicada por la asociación Reporteros sin Fronteras.
Este no es el mundo en el que queremos vivir, y por ello, nos alegramos de las noticias que nos llegan de Francia, por su significado y calado internacional, viniendo además del país de la Déclaration des droits de l’Homme et du citoyen. Esperamos que cunda el ejemplo y que no haya más leyes de los tres avisos.
Por qué no hay que odiar a Microsoft
Por ivan - Sociedad y Tecnología, Software - 5/Jun/2009
Microsoft está a punto de lanzar el Windows 7, el sistema operativo que hará que los usuarios olviden las penurias sufridas con el Windows Vista, que los fabricantes de ordenadores puedan ofrecer al cliente un producto competitivo, y que los fabricantes de software puedan vender nuevas versiones de sus viejos productos, ahora sí, para un sistema operativo que funciona. Todos ellos tienen, al parecer, motivos para odiar a Microsoft por no haber fabricado antes el Windows 7 (mucho antes). Pero lo cierto es que, si se piensa un poco, todos ellos deberían estar eternamente agradecidos a Bill Gates.
El planteamiento que me hago es el siguiente: Microsoft ha impulsado como nadie la industria informática, a base de grandes e increíbles errores, de los que no podemos si no estar eternamente agradecidos. ¿Cómo es esto posible?
Desde el primer sistema operativo Windows hasta hoy, los agujeros de seguridad del software de Microsoft se cuentan por millares. El impacto en el usuario, probablemente nefasto, se compensa con el enorme empuje y desarrollo dado a los fabricantes de software de seguridad, ya sean antivirus, firewalls, detectores de spyware, o de troyanos. Las empresas de este sector se frotan las manos cada vez que Microsoft mete la pata. No en vano, el beneficio que genera el mercado del software de seguridad fue en el año 2008 de más de 200 millones de dólares.
Los desarrolladores de las diferentes versiones de Linux no han contribuido para nada al desarrollo de esta industria. Tampoco ha contribuido mucho Apple y su OS X. En estos sistemas operativos (y en muchos otros, naturalmente), los problemas de seguridad son poco frecuentes, y los virus especies en extinción.
Y lo mismo podemos decir de la enorme cantidad de empresas dedicadas al desarrollo de aplicaciones para suplir las increíbles deficiencias del Windows 2000, del XP, del Office y de tantos otros productos fabricados bajo el imperio de Bill Gates. Hablo de aplicaciones de limpieza del registro, optimización de la configuración, gestión del almacenamiento y de la memoria, cifrado de datos y seguridad, etc.. El abanico es amplio. Microsoft es una mina para todos ellos.
El gigante de Redmond es también el mecenas del software libre. Gracias a Microsoft y a la mala calidad de sus invenciones, la comunidad ha reaccionado e impulsado opciones de software libre mucho más eficientes y funcionales. El ejemplo más claro es el Internet Explorer: ¿existiría el Firefox si Microsoft hubiera desarrollado un navegador decente para su sistema operativo?
¿Y qué decir de los fabricantes de hardware, componentes y ordenadores? Sin duda deberían proponer la beatificación de Gates y establecer rutas de peregrinación a las oficinas centrales de Redmond como símbolo de gratitud. Cada nueva versión del Windows ha requerido más disco duro, más memoria, más CPU, más de todo, aunque al final no aportara nada realmente.
El Vista ha sido el climax del más de todo, y menos que nada. Como bien reza una popular frase de Internet, la velocidad de los ordenadores se duplica cada año, justo el tiempo que tarda Microsoft en sacar una nueva versión de su sistema operativo, para volver a la situación anterior.
Para terminar, nos queda sólo aclarar por qué los usuarios deberían amar Microsoft. Ellos no parecen obtener ningún beneficio, y son conscientes de que van a sufrir innumerables problemas. Quizá esto sea en sí mismo un aliciente: ¿en qué iba el usuario a entretenerse si todo funcionara a la primera? Pero yo me inclino más por la explicación de Esther Schindler (OS/2 Magazine):
Microsoft’s biggest and most dangerous contribution to the software industry may be the degree to which it has lowered user expectations.
Id est,
La mayor y más peligrosa contribución de Microsoft a la industria del software podría ser el grado en que ha rebajado las expectativas del usuario.
La propiedad intelectual del ruido
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 24/May/2009
Hace unos días pude leer varios capítulos del interesante libro de David Bravo “Copia este libro”. En el capítulo titulado Falsos dogmas, se citan varios ejemplos de situaciones sorprendentes derivadas de los derechos de propiedad intelectual, y la legislación existente para protegerlos. Uno de los que más llamó mi atención fue el del silencio y su propiedad intelectual, registrada a nombre de John Cage, compositor experimental americano, pionero de la música aleatoria, y muy conocido por su composición 4′33”, una pieza musical que se interpreta sin hacer sonar los instrumentos.
Los herederos de los derechos de la obra de John Cage demandaron al grupo The Planets en el año 2002, por incluir en uno de sus discos una canción titulada “A one minuto silence“. La canción consistía precisamente en eso, 60 segundos de silencio, y en sus créditos aparecía, además del nombre del líder del grupo, Mike Batt, el de John Cage. La demanda se cerró con un acuerdo económico entre las partes.
El hecho de que pueda registrase el silencio como una obra musical, y de que tal composición (o ausencia de composición) pueda tener derechos de autor, me parece surrealista. Sin embargo, después de leer el interesante artículo de Richard Hillesley “A Better Silence – John Cage and copyright“, he comprendido el error de concepto que se esconde detrás de la famosa pieza de John Cage, 4′33”.
La obra de John Cage no es, en realidad, un largo silencio de 4 minutos y 33 segundos de duración. Son 4 minutos y 33 segundos de todo lo contrario: de ruido. Se trata realmente de escuchar los sonidos que haya en el ambiente durante los 4 minutos y 33 segundos en los que los músicos están tocando los silencios de la partitura. Hablamos por tanto de respiraciones, carraspeos, toses, algún que otro murmullo, el crujir de los asientos, y otros ruidos propios de una audiencia viendo a varios músicos que no tocan sus instrumentos.
Y digo yo, ¿puede el ruido tener derechos de propiedad intelectual? ¿O quizá se trata de un ruido concreto, especial? Si realmente esto es así, cada vez que una orquesta se prepare para empezar a tocar una obra (de las de verdad), tendrá que pagar derechos por el ruido de ambiente que se produce en el auditorio. Quizá los herederos de John Cage no han advertido este detalle, y estén dejando pasar una verdadera mina de oro en derechos de autor.
La propiedad intelectual del ruido es como la de la nota do, un absurdo. El esfuerzo intelectual que supone crear ruido es equivalente al de pulsar la primera tecla de un piano, para que suene el do. Esta sería una obra propia de un autor experimental, como John Cage. Podríamos titularla Nota Do, y duraría unos 5 segundos. Serían 5 segundos de un do genial, que nos proporcionaría beneficios cada vez que otro músico osara incluir un do igual en su partitura.
Supongo que mi nota do no me hará rico. Pero el ruido ambiente de John Cage, disfrazado de silencio, ha dado sus frutos. Y no ha sido el primero, ni el último, en vender canciones de ruido o de silencio. En Amazon podemos encontrar, por ejemplo, la canción “(Silence)”, a la venta por 0,99$. Este tema de 63 segundos es otra obra silenciosa, compuesta por Ciccone Youth. Un precio ridículo, si realmente conseguimos tener el Silencio, con mayúsculas.
Cápsulas de café desde el ciberespacio
Por ivan - Sociedad y Tecnología, Tendencias Internet - 17/May/2009
La revolución del café en cápsulas ha llegado gracias a Nestlé y al lanzamiento y promoción masiva de su producto Nespresso. El café ha sido reinventado por la multinacional suiza para convertirse en artículo de lujo, que se vende en cápsulas de preciosos colores y bajo denominaciones exóticas (Ristretto, Arpeggio, Roma, Livanto, y así hasta 16 nombres extraños), y a un precio considerablemente alto. Nestle ha cerrado el círculo comercial de su nueva propuesta llegando a acuerdos con algunos fabricantes de pequeños electrodomésticos, para fabricar máquinas de café idéticas pero que se venden bajo diferentes macas (Krups, DeLonghi y Siemens), también a precios considerables.
Hasta aquí todo parece una maniobra de marketing tradicional. Sin embargo, hay un factor que me resulta tremendamente llamativo: Nestlé ha apostado decididamente por el canal Internet como vía casi exclusiva para comercializar las cápsulas de café. Y digo casi, porque los pedidos pueden hacerse por teléfono, o visitando una de las pocas tiendas que existen, bajo la marca Nespresso, y dedicadas integramente a vender el café, las máquinas, y los artículos relacionados. En Madrid, por ejemplo, sólo hay dos tiendas, que se pueden visitar, si se tiene paciencia para aguantar las largas colas que se forman.
Sin duda, algo está cambiando, cuando una estrategia comercial basada en el lujo y la exclusividad confía plenamente en la venta por Internet. Hace unos pocos años esto habría sido impensable. Muy pocos eran los que se atrevían a meter el pie en Internet. Amazon es el pionero que siempre nos viene a la cabeza. La mayor tienda on-line del mundo empezó vendiendo libros en 1995, y hoy en día vende todo tipo de artículos relacionados con el ocio y el entretenimiento. Otro grande que confió plenamente en su página web para comercializar sus productos es Dell, uno de los mayores fabricantes de ordenadores portátiles y de sobremesa del mundo.
Nestlé ha sabido entender el éxito que hay detrás de las empresas volcadas en Internet. Las resortes del marketing en la red son bien distintos a los tradicionales. La creación de un club exclusivo al que debe suscribirse todo cliente que compre el café por Internet apunta en esa dirección. La estrategia de marketing personalizado es claramente perceptible: se bombardea al cliente con promociones exclusivas, propuestas de artículos relacionados con el mundo del café (venta cruzada), recomendaciones y recordatorios en fechas estratégicas (no te quedes sin café) . Es sin duda, una puesta en escena impactante.
Todo este montaje de Nestlé me ha hecho recordar una estrategia similar de otro grande, con la que veo enormes paralelismos. Vende algo que ya existe, pero más caro, bajo una capa de lujo y exclusividad, soportado por un aparato que se supone mejor y que por tanto, también se vende a un precio superior, y con el correspondiente canal de venta de Internet y club selecto de orgullosos propietarios. ¿A alguien se le escapa todavía de quién hablo? Como no, de Apple y su binomio iPod / iTunes.
Comparar una cafetera con el reproductor MP3 más famoso del mundo puede parecer un ultraje. A fin de cuentas, la cafetera de Nespresso hace buen café, y el iPod hace lo mismo que casi cualquier otro reproductor de MP3 (nótese la ironía). En cualquier caso, existe una diferencia entre ambos modelos de negocio: en el iPod puedes cargar canciones MP3 no compradas en iTunes (algo que, por otra parte, es lo habitual). En la cafetera de Nespresso sólo se puede preparar café de cápsulas Nespresso. Aunque eso sí, siempre hay quien se atreve a reutilizar las cápsulas y utilizar su cafetera Nespresso con otro café. Adivino que esto, sin embargo, no será lo habitual.
¿Quién sigue usando el Internet Explorer?
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 16/May/2009
La respuesta, cuantitativamente hablando, es simple: 2 de cada 3 internautas. Hemos podido leerlo en un artículo publicado por Asa Dotzler, de la Mozilla Corporation, bajo el título Longterm browser trends (Tendencias de navegadores a largo plazo) , y que recopila en un gráfico bastante elocuente la información que recoge Net Applications desde los sites que gestiona.
El gráfico elaborado por Asa Dotzler muestra información desde el año 2004, cuando se liberó Firefox 1.0, hasta hoy. Las primera conclusión es que el navegador más usado sigue siendo el Ineternet Explorer, de Microsoft, con una cuota superior al 60% (agregando los datos de todas sus versiones). La segunda conclusión, apuntada por el autor del artículo, es la pérdida progresiva y lineal de usuarios que experimenta el IE, en favor del Firefox. La linealidad es tan clara, que Mashable vaticina en uno de sus artículos que el Internet Explorer desaparecrá en el año 2021 (matizando después que se trata sólo de una especulación, dado que los factores que influyen en la elección de un software en detrimento de otro son variables e impredecibles).
Bromas a parte, me resulta difícil entender que aún haya dos tercios de la población confiando su experiencia de navegación a un software cuya reputación tocó fondo hace ya varios años. No en vano, la versión 6 del Internet Explorer fue elegida uno de los 25 peores productos tecnológicos de todos los tiempos, según PCWorld. Entre los argumentos que pueden esgrimirse para concederle tan dudoso honor, destacaríamos los cientos de agujeros de seguridad documentados para este navegador (y corregidos por Microsoft en sucesivos parches).
Más aún: la versión 6 no sólo no soportaba los estándares de Internet de forma correcta, sino que los despreciaba añadiendo elementos propietarios que posteriormente se fueron abandonando, y que actualmente no hacen sino lastrar los desarrollos que se atrevieron a utilizarlos.
El peso específico de este navegador ha sido tan grande durante años, que buena parte de las aplicaciones diseñadas para la web se han visto obligadas a adaptarse a él. La forma errónea en la que el IE interpreta las hojas de estilo CSS y el DOM ha obligado a utilizar trucos e incluso librerías diseñadas para hacer que las páginas que siguen los estándares se vean de forma correcta en él.
Y aún así, sabiendo que el IE 8 no es más que el heredero de un browser plagado de problemas de seguridad e incapaz de cumplir los estándares del W3C, nos encontramos con la tozuda realidad: 2 de cada 3 presonas siguen atadas a él. Quizá sea simple inercia de sistemas operativos instalados en máquinas antiguas, PCs corporativos que no pueden actualizarse, o usuarios que no tienen conocimientos técnicos suficientes para comparar y cambiar de navegador. Si esto es así, aún me queda la esperanza de que el tiempo ponga al Internet Explorer en su sitio: la papelera de reciclaje.
El libro que no es un libro
Por ivan - Sociedad y Tecnología - 13/May/2009
BBC Mundo publicó el 7 de mayo un artículo a raíz del anuncio realizado por Amazon de la inminente comercialización de una nueva versión del Kindle, su lector de libros digitales o ebooks. El artículo, titulado “Kindle DX, hacia una sociedad sin papel“, pronostica el fin del libro tal y como lo conocemos hoy, y cita frases tan contundentes como la pronunciada por Arthur Sulzberger, nada más y nada menos que el presidente de la editora del New York Times: “Sabíamos que llegaría el día en que un producto de lectura electrónica ofrecería la misma experiencia satisfactoria que leer un periódico impreso”.
No sé si el Kindle DX, con su pantalla grande (de 9.7 pulgadas) y su tecnología de papel electrónico podrá igualar la experiencia de leer un periódico. Seguramente la mejorará en muchos aspectos (yo siempre me he hecho un lío tremendo con las enormes páginas de los diarios, y nunca me ha agradado la ligera capa de tinta que te dejan las hojas en las manos). Lo que es seguro es que ni este Kindle talla XL, ni el Kindle 2 normal, ni ningún otro dispositivo lector de libros, harán desaparecer el libro impreso.
Después de reflexionar sobre estos dispositivos, me he dado cuenta de que hay algo que los diferencia notablemente de sus homólogos musicales, los reproductores MP3. Estos artilugios, definitivamente, sí van a acabar con los CDs, de la misma forma que los discos digitales acabaron con las casettes y los discos de vinilo (al menos, en lo que se refiere a su utilización masiva como soporte de audio).
La diferencia es muy simple, pero pasa desapercibida. La casette, el disco de vinilo o el CD son contenedores de música, pero no pueden escucharse por sí solos. Siempre se hace necesario un aparato reproductor, para convertir la grabación en audio. El reproductor MP3 viene a reemplazar de forma natural al viejo lector de CDs, o al aún más viejo plato giradiscos. Las personas aficionadas a escuchar música saben manejar estos aparatos, y las diferencias entre ellos, en lo que al uso se refiere y salvando las diferencias técnicas, son mínimas (siempre habrá un botón de play y uno de stop).
El libro y el Kindle son contenedores de textos (y espero puedan disculpar la simplificación). Sin embargo, un libro no necesita ningún aparato para ser leído. Se abre, y se lee. No hay botones, no hay pantalla. No tiene baterías, ni enchufes. No necesita un manual de instrucciones (por cierto, el manual del Kindle, ¿estará escrito en papel?).
La sustitución del libro por un dispositivo como el Kindle no es natural. Al contrario, para muchos lectores será difícil, y para algunos, simplemente imposible. Los reemplazos tecnológicos se suceden hoy en día a una velocidad de vértigo. El vídeo VHS desapareción devorado por el reproductor de DVDs. El walkman se esfumó por obra y gracia del discman, y éste desaparecerá sustituido por el reproductor de MP3. Sin embargo, los cambios culturales son mucho más lentos, y no se completan hasta que no se produce el relevo generacional.
El arraigo cultural de libro no desaparecerá hasta que no se haya completado ese cambio generacional, y los jóvenes que han nacido en la era digital sean la mayoría de la población. Y aún así, siempre quedarán los que no quieran usar un dispositivo electrónico para leer un libro, simplemente, porque tienen una necesidad especial: la necesidad de no necesitar.






