Este fin de semana he experimentado de primera mano lo que es la obsolescencia absoluta. Me he visto abriendo la caja de mi televisión, con la absurda idea de reparar una avería tonta, pero terriblemente molesta. Y es que mi vieja tele, de cuando en cuando, se apaga. Sin previo aviso. A veces ni llega a encenderse. Es el momento en que pienso verdaderamente que debo comprar una tele nueva.
¡Horror! ¡Una tele nueva! Las teles ya no son lo que eran. Nuestros padres nacieron sin tele (qué viejos somos, madre mía), vivieron el blanco y negro, y cuando llegó el color, habían pasado 30 años. Las teles de entonces eran de 21 pulgadas (o menos), con horribles cajas de madera, y unos pocos canales que se seleccionaban mediante botones que parecían interruptores de la luz. Esas teles tenían tubos de rayos catódicos, un invento que nos ha acompañado casi durante un siglo.
Sin embargo, el tubo catódico ha muerto. Las nuevas teles son de 37 pulgadas o más (las de 32 pulgadas son las pequeñas), pesan la décima parte y tienen un tamaño ridículo comparado con los cajones de hace solamente 10 años. La tecnología ha revolucionado el ocio doméstico, pero debo decir que ya era hora, sí señor.
Tantos años yendo al cine para ver las pelis como Dios manda, y ahora resulta que la alta definición está en casa. Lo que me molesta de todo esto no es haber tenido que esperar tanto (eso en todo caso podría ser una queja de nuestros sufridos padres). Lo que realmente es hiriente es la forma en que la industria introduce los cambios tecnológicos en los hogares, para sacar el máximo beneficio.
Porque, no nos engañemos, las pantallas LCD existen desde hace tiempo. Pero las televisiones han sufrido una metamorfosis mucho más lenta. Primero fue la pantalla plana de tubo, luego el 16:9, después el plasma, el LCD, la TDT, el HD Ready y, ya por fin, el Full HD. Seguro que me dejo algo. El que se haya actualizado con cada cambio tecnológico, habrá tenido 7 televisiones distintas en poco más de 10 años (y se habrá dejado un capital importante). Los que no tengan dinero para tanto derroche, estarán en algún punto intermedio. Y los que compremos la tele ahora, el año que viene veremos como sale algo nuevo que nos deja, otra vez, anticuados.
Señores fabricantes de televisiones, por favor, fabriquen una tele que tenga ya todo, que ya cansa tanto cambio.
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