Archivo Marzo, 2010

La retro-innovación del iPhone

Hace unos días me tocó aguantar uno de esos cursos de visión y estrategia corporativa.

Pantalla táctil del iPhone

Pantalla táctil del iPhone

Reconozco que soy alérgico a las visiones casi tanto como a las estrategias, cuando llevan la coletilla de “corporativas” y vienen empaquetadas en forma de curso para mejorar mi propio desarrollo personal. El efecto en mi organismo de este tipo de sesiones suele ser el mismo que me produce observar la mirada de una oveja mientras mordisquea un matojo de hierbas: solemne aburrimiento.

Una de las ideas que surgió de aquella sesión ha dado vueltas en mi cabeza desde entonces. Para ilustrar un concepto, se presentó un ejemplo de un sistema de fichas para controlar las tareas pendientes como algo innovador. Instantáneamente, me vino a la mente un nuevo término, la retro-innovación.

La aplicación de modelos, estructuras e incluso diseños antiguos a elementos modernos no es tan rara. Tenemos ejemplos por todas partes, y algunos de ellos han resultado ser notables éxitos. En el mundo de la automoción, Volkswagen abrió la caja de la retro-innovación fabricando el New Beetle a partir del diseño de un modelo antiguo (el mítico escarabajo), y la idea funcionó tan bien que luego fue copiada por BMW (Mini) y Fiat (Fiat 500), entre otros.

Otros ejemplos se me vienen a la cabeza, más directamente relacionados con el mundo digital. Los fabricantes de reproductores MP3 han visto un filón en los usuarios que tienen discos de vinilo y no saben qué hacer con ellos. Así que retro-innovan fabricando un tocadiscos digital (bueno, sería más bien un tocadiscos que pervierte la esencia analógica del vinilo, convirtiéndolo en un MP3, para que el usuario pueda traspasar su colección a un reproductor MP3 en un santiamén).

Pero donde ha hecho más daño esta tendencia retro-innovadora ha sido en la telefonía móvil, y todo gracias a la imparable imagen de una marca: Apple. De Apple fue la idea de “innovar” en la telefonía móvil dotando al iPhone de una pantalla táctil como única interfaz de usuario. Pero este ejemplo de innovación es, aunque no lo parezca, algo retro. Las pantallas táctiles fueron inventadas hace muchos años, y su uso se ha popularizado en TPVs, navegadores GPSs y otros dispositivos que se caracterizan, sobre todo, por una interacción con el usuario muy simple y basada en unos pocos comandos. Nada que ver con el tipo de interacción que necesita un teléfono móvil, más aún cuando estos dispositivos permiten ya navegar por internet y acceder al correo electrónico, entre otras funciones avanzadas que reclaman la presencia de un teclado alfanumérico.

Las PDAs han experimentado desde siempre los problemas de las pantallas táctiles, pero en este caso, el dispositivo incorporaba un elemento apuntador (el típico palito), y la combinación de ambos suplía la función del ratón de un ordenador convencional. Pero la pantalla táctil de los teléfonos móviles se usa con el dedo (o los dedos, según el caso). El resultado es decepcionante: la interfaz es lenta, difícil de usar, poco intuitiva y terriblemente confusa, por la forma poco natural en que se muestran las opciones “pulsables”. Debido al pequeño tamaño de las pantallas en comparación con el tamaño medio de un dedo, los teclados gráficos requieren gran habilidad para acertar con la tecla correcta. El uso de ayudas a la escritura (predicción de palabras, lupas, y demás artificios) solo mitigan en parte la terrible dificultad que entraña el uso de estos teclados táctiles que además, son diferentes en cada dispositivo.

Apple ha conseguido que su idea retro-innovadora haya sido copiada por casi todos los fabricantes de teléfonos móviles, y ahora es el usuario quien sufre esta estúpida moda, que espero termine pronto. Algunos fabricantes ya han recapacitado, y ofrecen teclados deslizantes que se esconden para que el aspecto del teléfono siga siendo similar al del iPhone.

Espero que cada vez más fabricantes recuerden que para usar un teléfono móvil es imprescindible un teclado, del mismo modo que para conducir un coche hace falta un volante, y para usar una televisión un mando a distancia. O tal vez no, y lo próximo que veamos sean las televisiones táctiles…

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La televisión ya no es lo que era

Televisión antigua

Una tele como las de antes

Este fin de semana he experimentado de primera mano lo que es la obsolescencia absoluta. Me he visto abriendo la caja de mi televisión, con la absurda idea de reparar una avería tonta, pero terriblemente molesta. Y es que mi vieja tele, de cuando en cuando, se apaga. Sin previo aviso. A veces ni llega a encenderse. Es el momento en que pienso verdaderamente que debo comprar una tele nueva.

¡Horror! ¡Una tele nueva! Las teles ya no son lo que eran. Nuestros padres nacieron sin tele (qué viejos somos, madre mía), vivieron el blanco y negro, y cuando llegó el color, habían pasado 30 años. Las teles de entonces eran de 21 pulgadas (o menos), con horribles cajas de madera, y unos pocos canales que se seleccionaban mediante botones que parecían interruptores de la luz. Esas teles tenían tubos de rayos catódicos, un invento que nos ha acompañado casi durante un siglo.

Sin embargo, el tubo catódico ha muerto. Las nuevas teles son de 37 pulgadas o más (las de 32 pulgadas son las pequeñas), pesan la décima parte y tienen un tamaño ridículo comparado con los cajones de hace solamente 10 años. La tecnología ha revolucionado el ocio doméstico, pero debo decir que ya era hora, sí señor.

Tantos años yendo al cine para ver las pelis como Dios manda, y ahora resulta que la alta definición está en casa. Lo que me molesta de todo esto no es haber tenido que esperar tanto (eso en todo caso podría ser una queja de nuestros sufridos padres). Lo que realmente es hiriente es la forma en que la industria introduce los cambios tecnológicos en los hogares, para sacar el máximo beneficio.

Porque, no nos engañemos, las pantallas LCD existen desde hace tiempo. Pero las televisiones han sufrido una metamorfosis mucho más lenta. Primero fue la pantalla plana de tubo, luego el 16:9, después el plasma, el LCD, la TDT, el HD Ready y, ya por fin, el Full HD. Seguro que me dejo algo. El que se haya actualizado con cada cambio tecnológico, habrá tenido 7 televisiones distintas en poco más de 10 años (y se habrá dejado un capital importante). Los que no tengan dinero para tanto derroche, estarán en algún punto intermedio. Y los que compremos la tele ahora, el año que viene veremos como sale algo nuevo que nos deja, otra vez, anticuados.

Señores fabricantes de televisiones, por favor, fabriquen una tele que tenga ya todo, que ya cansa tanto cambio.

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