Me levanté hoy algo filosófico y pensativo, dándole vueltas a uno de los argumentos que más veces he podido leer en los blogs y artículos sobre el peer to peer y su influencia en el mercado de la creación audiovisual. Se dice hasta la saciedad que la verdadera crisis del sector no está en las descargas, o en el “top manta”, sino en la propia caducidad de un modelo de negocio basado en la venta de discos o películas en DVD, lo que llamamos “copias” de una grabación, en un momento en que hacer una copia no cuesta nada. Enrique Dans lo explica muy bien en su interesante artículo “No es tan sencillo como pagar o no pagar. It’s the economy, stupid“.
Lo que me preocupa más de este argumento recurrente es el postulado que siempre lo acompaña, y que puede resumirse más o menos así: “Las compañías discográficas tienen buscar nuevos modelos de negocio”. Es, como explica Enrique Dans, la búsqueda de la rentabilidad cuando tu negocio ya no es rentable, ofreciendo algo por lo que el consumidor quiera pagar, haciendo las cosas mejor, más bonitas, más atractivas. Aportando lo que se conoce como el valor añadido, eso que hace que se pague un extra por algo que ha sufrido un proceso que le ha añadido valor.
Pero eso, desgraciadamente, es imposible en este contexto. Porque no hay nada que pueda añadir valor a un MP3, o al menos, soy incapaz de ver cómo se puede mejorar algo que es, en sí mismo, perfecto. Se me ocurren algunas ideas, que rápidamente descarto:
- ¿Más calidad sonora? Me temo que no, ya tenemos los archivos con niveles de compresión que garantizan una calidad tan alta que el oído humano es incapaz de distinguir la copia comprimida del archivo original.
- ¿Más velocidad de descarga? Con el ancho de banda actual del ADSL, y la difusión del P2P, la velocidad de descarga no es un factor.
- ¿Más facilidad para encontrar lo que se busca? El software peer to peer incorpora herramientas de búsqueda potentes. Y los meta-buscadores de Internet indexan rápidamente los torrents, de forma que buscar en la web es cosa de niños.
- ¿Catálogo más amplio? Sin comentarios…
Definitivamente, no veo nada que pueda aportar un valor añadido a la copia digital de una canción grabada en un CD. El propio CD físico no es ya un valor añadido, y éste es quizá el detalle que nadie está contemplando actualmente, ni siquiera las discográficas. No se dan cuenta de que su mayor enemigo no son las descargas, sino el hecho de que, cada vez más, la música se escucha en reproductores MP3, como el iPod, y para estos dispositivos los CDs resultan inútiles. Yo me compraría los CDs de los autores que me gustan, ciertamente. Pero, ¿para qué iba a hacerlo, si no tengo donde reproducirlos?
Y así volvemos al punto de partida: hay que buscar nuevos modelos de negocio. Modelos que aporten un valor añadido al MP3 para que la gente quiera pagar 1 euro, en vez de nada. Pero resulta que no existe un valor que añadir. Y entre pagar 1 euro y no pagar nada, la elección es clara.
Y no, no me sirve el ejemplo del agua embotellada, que apuntaba Enrique Dans en su artículo. Sí, pagamos por el agua embotellada cuando la tenemos (casi) gratis en el grifo de casa. Pero no olvidemos que el agua del grifo no es igual que el agua embotellada. Y además, la botella en sí misma es un valor añadido: sirve para transportar el agua, y llevarla allí donde no hay grifos. Este sí es un modelo de negocio con futuro.
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