¿Por qué se puede copiar un disco digital?


Disco digital

Disco digital

Esta pregunta no tiene fácil respuesta. Llevo días intentando entender cómo hemos llegado a donde estamos: la copia digital de archivos musicales y películas de vídeo resulta trivial. Los magnates de la producción de CDs y DVDs deben ser, o muy tontos, o todo lo contrario y se les fue la mano (se pasaron de listos).

Empecemos por el CD o compact disc. El primer disco óptico vio la luz comercialmente en el año 1982, y se desarrolló desde el principio como un medio de almacenamiento de audio en formato digital (lo que llegó incluso a condicionar su capacidad de almacenamiento, que se adaptó a la duración de la Novena Sinfonía de Beethoven). El estándar que normalizó este formato se conoce como Red Book, y aunque hoy resulta difícil de creer, no se incluyó en él ningún mecanismo de protección de la información digital almacenada.

Se trata de un error excusable. En la década de los 80 el ordenador personal estaba dando sus primeros pasos (el IBM PC nació en 1981). Su capacidad de proceso era insuficiente para tratar los archivos de audio contenidos en el CD. No existía tampoco forma de comprimir el audio en un tamaño que fuera fácilmente manipulable. No existía tampoco Internet (el embrión de Internet, ARPANET, había nacido hace unos pocos años). En este contexto, sólo un gurú habría podido prever la necesidad de proteger lo que realmente contiene un compact disc: una copia maestra digital de cada canción. Y aún habiendo sido capaz de preverlo, ¿era el estado del arte de la tecnología de aquella época suficiente como para desarrollar un sistema de protección eficaz? Probablemente, no.

Y llegamos al DVD. Este formato de almacenamiento fue concebido como una evolución natural del CD. En este caso, se partía de la experiencia adquirida con el formato anterior, y se buscaba una solución de mayor capacidad, que sirviera tanto para almacenar contenido audiovisual (DVD vídeo y DVD audio), como archivos de ordenador (DVD ROM). Los primeros DVDs se comercializaron a finales de la década de los 90.

En esta ocasión, el grupo de trabajo encargado de definir el estándar consideró necesario proteger el contenido, para lo que se adoptó el esquema de cifrado conocido como CSS (Content Scramble System). El cifrado propietario introducido con este sistema era poco robusto. Se basaba además en un conjunto de claves únicas distribuidas entre todos los fabricantes de equipos reproductores de DVD. Al parecer, uno de los fabricantes no protegió lo suficiente su clave, lo que permitió que un grupo de hackers tuviera acceso a ella y rompiera el algoritmo de cifrado, desarrollando después un programa para descifrar el contenido de cualquier DVD (lo que conocemos como DVD rip). Esto sucedió en 1999, sólo dos años después del lanzamiento del formato.

Probablemente, el hecho de que sólo se utilizaran claves de 40 bits facilitó la tarea. En el momento de definir el formato del DVD, las leyes americanas prohibían la exportación de sistemas criptográficos que emplearan claves de más de 40 bits. También se apunta que el algoritmo de cifrado tenía un diseño tan débil, que con la potencia de cálculo de los ordenadores de finales de los 90, un ataque de fuerza bruta lo hubiera roto en pocos días (y con la actual, en pocos segundos).

Esta historia se está repitiendo ahora con el Blue-ray Disc. La falta de visión y los errores técnicos en la concepción de los sistemas de protección han posibilitado la copia digital del audio y del vídeo contenido en los soportes diseñados y fabricados para satisfacer las necesidades de la industria audivisual. Ellos mismos cavaron su propia tumba; la tecnología informática e Internet únicamente dieron un empujocito.

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