En noviembre de 2007 la principal tienda de Internet a nivel mundial, Amazon, lanzó el Kindle, un dispositivo diseñado para leer libros en formato digital. La segunda versión de este dispositivo, Kindle 2, se comenzó a vender en febrero de 2009. Para entonces, Amazon disponía ya de una lista de más de 250.000 títulos en formato digital.
La batalla por el control de este nuevo mercado parece haber comenzado. Sony acaba de lanzar el PSR-700, tercera generación de su lector de libros digitales Sony Reader. Otras grandes (y muy conocidas) multinacionales trabajan ya en modelos similares, entre ellas Fujitsu y Samsung. En diciembre de 2008, Business Technology publicaba un artículo sobre estos dispositivos, en el que se podía leer que, de acuerdo a la información facilitada por Sony, el Sony Reader había alcanzado la cifra de 300.000 unidades vendidas desde su lanzamiento en 2006.
La mayoría de las personas que conozco, aficionadas y no aficionadas a la lectura, consideran utópica la desaparición del libro en formato papel. Sin embargo, los datos anteriores confirman lo que parecía inevitable: la reconversión del libro impreso a dispositivo de bolsillo es un hecho, está llegando, y probablemente, no tardará en extenderse de forma masiva.
El libro ha permanecido ajeno a la era digital, por motivos que no llego a comprender del todo. La tecnología capaz de convertir un libro en bits de información es trivial (mucho más simple que la necesaria para codificar audio, o vídeo). La tecnología para crear una pantalla capaz de visualizar texto también existe. La dificultad de fabricar un dispositivo lector de libros con pantalla, memoria y conectividad externa es, cuando menos, similar a la que puede tener fabricar un reproductor MP3 o un teléfono móvil de última generación. ¿Por qué, entonces, no ha llegado aún la era del libro digital?
Supongo que los editores de libros no ven con buenos ojos la conversión del libro impreso al formato digital. La experiencia de la música y el vídeo les ha puesto sobre aviso. Las descargas de libros en formato digital acabarán con su modelo de negocio (y con el de muchos otros sectores basados en la impresión en papel de texto escrito). Sin ser muy atrevidos, podemos predecir que esto sucederá, tarde o temprano. Quizá los editores de libros deberían hacer ahora caso del refrán:
Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.
Entradas relacionadas






