Librerías de archivos: en busca de lo esencial

Icono del iTunes

Icono del iTunes

Después de utilizar algunas aplicaciones muy conocidas de gestión de fotos y archivos de música, tengo la sensación de que este software carece normalmente de algo esencial: herramientas para mantener coherente y consistente la información de la biblioteca digital.

El iTunes de Apple es un perfecto ejemplo. En el menú de preferencias puede elegirse si se desea que iTunes gestione los archivos de música, o si por el contrario, el usuario se encarga de esta tarea. Personalmente, no me disgusta la forma que tiene esta aplicación de clasificar y ordenar los ficheros. El iTunes crea carpetas por autor y subcarpetas por álbum, de manera que todo queda muy bien ordenado en el disco.

Pero, ¿significa esto que la información es consistente y coherente? No, ciertamente. Supongamos que quiero saber si tengo canciones duplicadas o repetidas en mi biblioteca. Lástima, no existe ninguna función en el iTunes para explorar los archivos en busca de duplicados. Imaginemos ahora que deseo averiguar si alguno de los archivos no está correctamente enlazado en la base de datos interna del programa (los odiosos archivos huérfanos): mala suerte, tampoco podemos buscarlos. Lo único que podemos hacer es reconstruir toda la base de datos a partir de los ficheros del disco, cosa que, evidentemente, te hace perder todo los contadores de reproducción y las puntuaciones. Mala cosa.

¿Y si quiero averiguar si alguno de los ficheros de mi biblioteca musical no está correctamente clasificado? ¿O tiene una calidad insuficiente? Esto tampoco es posible usando únicamente iTunes. Si, por ejemplo, quisiera procesar todos los archivos MP3 de mi colección para averiguar si hay canciones a las que les falta información en los tags ID3, tendría que recurrir a herramientas externas.

Me preocupa que funciones esenciales como las descritas no estén contempladas en el diseño de un gestor de archivos, cuya misión es, básicamente, mantener una biblioteca de objetos clasificada y ordenada de forma eficiente. La carencia de lo básico nos lleva al desastre: conforme la librería de archivos MP3 crece, aumenta el caos. Como bien dicen la Ley de Chaney de las conocidas Leyes de Murphy:

La entropía no requiere mantenimiento

El iTunes juega con ventaja, ya que implementa la posibilidad de ejecutar AppleScripts, pequeños scripts para automatizar tareas en el sistema Mac. El paralelismo que se me viene a la cabeza es el de las macros de Visual Basic que todos conocemos y probablemente hemos usado en el Word o en el Excel de Microsoft. Se trata del mismo concepto, pero para el OS X de Apple. En la página web Dougscripts.com podemos econtrar varios scripts de libre uso diseñados para realizar tareas básicas como las que he descrito anteriormente. Sin duda, una página web muy recomendable si eres usuario de iTunes.

Lo ideal sería que el iTunes incluyera funciones como las que he comentado en su menú de herramientas. Y que todas las aplicaciones cuya misión consista en gestionar libreías de archivos explotaran realmente las posibilidades de un archivo digital. No se trata de una colección de libros en una estantería. Se trata de ficheros en el disco duro de un ordenador. Y no es un bibliotecario el que tiene que recorrer con la vista cada estante. Es un programa informático el que abre y lee los ficheros. Las posibilidades son, obviamente, infinitamente mayores. ¿Por qué se empeñan los fabricantes de software en desperdiciarlas?

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Las absurdas limitaciones del Outlook

Tarjeta de expansión de 8 Kb del Vic-20

Tarjeta de expansión de 8 Kb del Vic-20

El Microsoft Outlook es seguramente uno de los clientes de correo más utilizados en el ámbito empresarial, un software mejorable, pero aceptable en mi opinión. Lo peor es, sin duda, el increíble grado de enrevesamiento logrado en los menús de preferencias, donde todo se mezcla y combina de la forma más confusa y difícil que uno pueda llegar a imaginar.

Sin embargo, el Outlook es sólo un esclavo de la pieza maestra de la suite de correo de Microsoft, el Exchange Server. Como es habitual en los productos del gigante americano, todo en él es propietario y privado, desde los protocolos hasta los formatos de archivo de mensajes.

Pero no es esto lo más doloroso del Exchange Server. Podemos vivir con ello, y con la mayoría de sus peculiaridades, sin sufrir graves trastornos mentales. Con lo que es difícil vivir es con su absurdas limitaciones.

Las versiones del Exchange lanzadas en los años 2000 y 2003 tienen una inexplicable limitación en el número de reglas que el usuario puede definir por carpeta. Se pueden crear tantas reglas como se quiera, pero siempre que no ocupen más de 32 Kb de espacio de almacenamiento en el servidor (queda abierta la duda de en qué formato se guardan las reglas para poder determinar cuánto ocuparán).

Normalmente, las reglas se crean para la bandeja de entrada, de modo que esta limitación es inherente al uso del servicio de correo, y se extiende al propio Outlook, porque el cliente no puede filtrar los mensajes de correo (no tiene esa funcionalidad). Resulta increíble que en el año 2003, poco antes de que Google lanzara su servicio de correo GMail con buzones de 1 Gb, el servidor de correo Exchange Server diseñado para dar servicio a empresas ofrezca a los usuarios la increíble capacidad de 32 Kb para almacenar sus reglas de filtrado de mensajes.

Mi primer ordenador personal, el entrañable Commodore Vic-20, tenía 5 Kb de memoria RAM. Las tarjetas de expansión eran del tamaño de una cinta de vídeo VHS, y permitían ampliar la memoria hasta unos increíbles 32 Kb (o incluso, 64 Kb). 32 Kb eran, en el año 1981, muchos bytes.  En el año 2003, era ya una cantidad miserable. Hoy en día es mucho menos de lo que ocupa cualquier documento sencillo del Office, es 200 veces menos que lo que ocupa una canción MP3, y 20.000 veces menos que lo que ocupa una película en DivX. Sin embargo, el Exchange Server nos limita a 32 Kb la capacidad de almacenamiento para reglas de filtrado. Con la versión de 2007 podríamos llegar hasta 128 Kb. Un gran avance, al menos para Microsoft.

Otra limitación notable que he recordado tras tropezar con la anterior es la de los buzones locales de almacenamiento de mensajes, que el Outlook guarda como archivos de extensión .pst (Personal Storage Table). El Outlook 97 permitía crear buzones locales de hasta 2 Gb. Cuando se sobrepasaba este tamaño, simplemente se corrompía el fichero y ya no se podía acceder a él (una funcionalidad realmente interesante para facilitar la vida del usuario). Con el Outlook 2003, el límite se eleva a 20 Gb. Realmente incompresible la necesidad de poner límites a algo que debiera ser tan grande como permitiera el soporte físico (en este caso, el espacio del disco duro). Cualquier otra limitación es, simple y llanamente, la demostración de que algo no está bien hecho en el software.

Ningún programa informático resiste bien el paso del tiempo, pero si se añaden limitaciones de diseño ridículas, nos encontraremos pronto con la cruda realidad de una herramienta inútil por un diseño deficiente.

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El spam llega a la web

Lata de Spam

Lata de Spam

El spam lleva años infectando el correo electrónico de mensajes inútiles, absurdos, inservibles. Es una plaga sólo explicable por el hecho de que, a pesar de su lógica ineficiencia como herramienta de publicidad o de marketing, es ridículamente barato, y tremendamente masivo. El producto de un mensaje enviado a millones de personas, por un porcentaje infinitesimal de efectividad, da como resultado un número no despreciable de personas que inexplicablemente “pican”.

Pero ahora el spam ha llegado a la web. En la web, el mensaje basura no es cómo el que se recibe en el buzón de correo. No se trata de un mensaje que un desconocido envía a otro desconocido, con información de cualquier tipo, totalmente descontrolada y ajena a la realidad socio-cultural del receptor en muchos casos (como sucede con el correo basura que no están en español, o que vende algo ilegal que naturalmente nunca compraríamos). No, el spam de la web tiene un emisor conocido, y un destinatario único.

El emisor es casi siempre una agencia de publicidad, que ha comprado un soporte web a una empresa (o particular) que dispone de una página exitosa, con muchas visitas. Esta agencia de publicidad diseña meticulosamente una estrategia de marketing adaptada al contenido del site que sirve de soporte, y a su audiencia (o al menos, esta es la teoría).

La audiencia es conocida: se sabe cuándo visita la página, qué secciones le interesan y cuáles no, qué artículos compra, desde dónde viene. Decenas de detalles que permiten construir claramente el perfil del individuo receptor, gracias casi siempre a uno de los artefactos más diabólicos de Internet: las cookies.

El resultado es la invasión total o parcial de la ventana del navegador con mensajes que bloquean o impiden la lectura del contenido al que se quiere acceder. Es el spam llevado a la web, pero con nombres y apellidos. Resulta tan molesto e inútil como su primo hermano del correo electrónico. Me veo repetidamente pulsando sobre el botón de “saltar este anuncio” página tras página, al igual que antes iba borrando correo tras correo basura, hasta llegar al mensaje auténtico, el que ha enviado un ser humano de verdad.

Es triste que se expanda esta mala costumbre de molestar al visitante, de invadir su navegador con mensajes publicitarios descontrolados y repetitivos, de robarle ancho de banda (con el agravante de que a veces, cada mega se paga), y de insultarle con el botoncito de pulsa aquí para saltar este anuncio, como si realmente no se quisiera causar perjuicio. Es como si le película que estoy viendo me obligara constantemente a pulsar un botón del mando a distancia para eliminar un anuncio que se ha puesto delante. O como si la revista se vendiera con las hojas tapadas por imágenes publicitarias que hubiera que despegar una a una.

No hay forma de hacer que la publicidad de un medio funcione en otro totalmente diferente. Internet tiene sus propios mecanismos de publicidad. El marketing viral, las comunidades virtuales, la web social, son buenas herramientas. El banner que se mueve o parpadea, el pop-up, el mensaje que cubre la página, o el que emite un sonido automáticamente, son malas ideas, destructoras del medio de comunicación, como explica Jakob Nielsen en “The Most Hated Advertising Techniques”. Es increíble que las agencias de publicidad y los proveedores de contenidos aún no hayan aprendido la lección. Hasta que lo hagan, sólo nos queda huir de las webs que nos dan spam.

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Diseñar programas para usuarios idiotas

Me he encontrado hoy con una interesante frase de Linus Torvalds, citada en el blog de Jose M. Aguilar, en un artículo titulado Otras 101 citas célebres del mundo de la informática:

Si piensas que los usuarios de tus programas son idiotas, sólo los idiotas usarán tus programas

Realmente interesante, me hace recordar la de veces que he sufrido una interfaz de usuario diseñada para idiotas, o peor aún, diseñada para Homer Simpson, que pronunció la divertida pregunta ¿Dónde está la tecla ANY?cuando la máquina le presentó el conocido mensaje “press any key…”.

¿Dónde está la tecla ANY?

¿Dónde está la tecla ANY?

En el mundo del software, el exceso de poder en manos del usuario final se ve como un riesgo potencial, al que no hay que exponerse. El riesgo no es ficticio, los idiotas abundan y la autodestrucción (informáticamente hablando) del idiota es un hecho demostrado. El ejemplo básico es el de aquel que estrena un PC y en pocos minutos vuelve a la tienda porque ya no le funciona. Se le coló un virus, borró algún archivo que no había que borrar, o simplemente no reparó en que tomar café encima del teclado puede resultar peligroso.

De esta forma, los desarrolladores se estrujan los sesos para diseñar a prueba de idiotas. Y el resultado, como nos recuerda Linus Torvalds, es que esas herramientas tan cuidadosamente concebidas para que la mente menos capaz no pueda cometer un acto de PC-cidio resultan insufribles para la mayoría de los mortales.

El Windows Vista es el caso práctico. Cada micro-acción que acomete el usuario es convenientemente acompañada de un cuadro de diálogo advirtiendo de los peligros inherentes. ¿Está seguro de que desea borrar? ¿Está seguro de que desea aceptar? ¿Está seguro de que desea pulsar ese botón? Y qué decir de los mensajes recurrentes tipo “Windows ha detectado que no tiene anti-virus”, o los pertinentes mensajes de las actualizaciones. El sistema operativo es obstinado, quiere proteger y acaba siendo agobiante, infernal, insufrible. La configuración del Vista (y del XP) por defecto, es absolutamente inútil, lo que podríamos llamar un Sistema No-Operativo.

Sospecho que se está confundiendo el poder de hacer cosas (que se limita por miedo), con el poder de hacer cosas de forma simple (que debería ser el objetivo final del sistema operativo, y de cualquier programa informático). Realmente, el usuario no es idiota, o no es más idiota que el idiota que está diseñando la interfaz de usuario. El usuario sólo quiere que para hacer una tarea básica la aplicación le proporcione una vía simple, directa y comprensible.

Quizá lo que habría que hacer es diseñar para que los usuarios más idiotas puedan hacer lo mismo que hacen los que saben la tabla de multiplicar en binario y programan en ensamblador. Supongo que es un reto, pero creo que no estamos tan lejos de lograrlo. De momento, los que hemos renegado del Vista hemos descubierto que se puede hacer lo mismo, más fácilmente. Para los que somos idiotas es un verdadero alivio.

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El Tribunal Constitucional francés rechaza la Ley Sarkozy

Prohibido navegar

Prohibido navegar

La noticia, que puede leerse en Publico.es (El Constitucional francés tumba la “ley antidescargas”), y en decenas de blogs y páginas de noticias, nos devuelve la esperanza de encontrar un camino razonable y justo al problema de la difusión en Internet de obras con coypyright. Ya lo hemos dicho muchas veces, la copia privada es legal en el actual marco legislativo siempre que no haya ánimo de lucro, y si realmente se considera necesario emprender alguna acción para regular las descargas de Internet de discos y películas, no debe tomarse el camino de la criminalización del hecho en sí de compartir, ni deben otorgarse privilegios especiales a organismos públicos o privados (cortar la conexión al tercer aviso), ni deben cercenarse derechos universales (como por ejemplo, el acceso a Internet).

Porque sí, lo dice el Tribunal Constitucional francés, Internet es un derecho fundamental y sólo puede ser restringido por un juez. Me hace pensar esto en la larga lista de países en los que Internet no es libre porque el gobierno simplemente controla el acceso a la red, lo limita y lo manipula para sus propios intereses, e incluso persigue a quien osa conectarse. Esto es lo que sucede, de una u otra forma, en países como China, Cuba, Corea del Norte, Irán o Arabia Saudí, entre otros, según la lista de los 13 países enemigos de Internet publicada por la asociación Reporteros sin Fronteras.

Este no es el mundo en el que queremos vivir, y por ello, nos alegramos de las noticias que nos llegan de Francia, por su significado y calado internacional, viniendo además del país de la Déclaration des droits de l’Homme et du citoyen. Esperamos que cunda el ejemplo y que no haya más leyes de los tres avisos.

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Microsoft lanza Bing, una copia de la esencia de Google

Logo de Bing

Logo de Bing

Microsoft ha lanzado Bing, la enésima vuelta de tuerca del fracasado Microsoft Live Search o el nuevo intento del gigante informático de relanzar su motor de búsqueda. Bing es sin duda un clon casi perfecto de Google. Algunos incluso dirán que es mejor (ya hay múltiples comparativas en Internet que presentan ambos buscadores cara a cara, frente a pruebas diversas, e incluso he encontrado una página que permite buscar en ambos a la vez y comparar).

No es mi intención compararlos. El parecido del primer impacto es incuestionable. Sin embargo, las entrañas de ambos motores de búsqueda son difícilmente comparables, y diferirán notablemente en la forma en que indexan la información, filtran los datos, asignan grado de relevancia o construyen la página de resultados, entre otras cosas. Pero al final, lo que vemos es muy similar: ambos buscadores son rápidos, están plenamente centrados en la función de búsqueda de información y tienen por objeto ser el Buscador de Internet, con mayúsculas (actualmente este título es, naturalmente, de Google).

La pregunta que me hago es: ¿podrá Microsoft hacerse con parte del enorme pastel que actualmente se zampa Google casi en exclusiva?

Hubo un tiempo en que Google no existía. Fue la que yo llamaría (con enorme atrevimiento, lo sé) la era Yahoo!. Yahoo! lideró durante mucho tiempo el universo de las búsquedas de Internet, poseía uno de los indices de contenidos más completos, y era el camino a seguir si se quería tomar un ejemplo de éxito en Internet. Y entonces llegó Google.

¿Qué propició el cambio radical en la tendencia de los usuarios de Internet? ¿Por qué dejamos de usar Yahoo! (o Lycos, o Excite, o Altavista) y pasamos a usar masivamente Google? Creo que hubo tres factores determinantes que marcaron la enorme diferencia entre Google y el resto de sus competidores: velocidad, relevancia y completitud.

Velocidad: los motores de búsqueda perdieron el norte, es la cruda realidad, y se convirtieron en portales horizontales, llenos de contenidos innecesarios e irrelevantes. La función de búsqueda pasó a un segundo plano, y el peso de los contenidos extra penalizó enormemente la carga de la página de inicio del buscador. Además, los motores de búsqueda no estaban optimizados y eran en algunos casos penosamente lentos. Google captó la esencia de la velocidad en la función de búsqueda. Busco algo y lo encuentro en milisegundos, sin esperar a que se cargue una pesada página de un portal horizontal que no me sirve para nada, sin publicidad, sin lentitud en el despliegue de los resultados.

Relevancia: la fórmula de Google para evaluar la relevancia de la información con respecto a los criterios de búsqueda que introduce el usuario sigue siendo un gran misterio, y forma parte de su éxito. Los resultados de Google eran más relevantes que los de la competencia, y permitían localizar las páginas más interesantes y mejor relacionadas a los criterios de búsqueda. También mejoró notablemente la forma en que se construían las búsquedas, y proporcionó mecanismos para buscar mejor de forma directa.

Completitud: Google se propuso indexarlo todo, y consiguió superar a competidores que llevaban años de ventaja en esta tarea. Descartó desde el principio la creación de índices y la aportación de los usuarios para crear la base de datos de contenidos indexados, otra apuesta interesante y novedosa en aquella época.

Probablemente mi visión sea parcial e incompleta, pero me permite establecer una comparación entre el cambio a Google y el posible cambio a Bing. Bing no aporta nada nuevo, es una copia. No es más rápido (al menos, apreciablemente), no ofrece resultados más relevantes (la primera búsqueda comparativa que hice me demostró que Google sigue siendo imbatible en esto), y no estoy seguro de que sea más completo. ¿Qué aporta Bing entonces? ¿Por qué cambiar?

No veo futuro en Bing. Nada me mueve a cambiar, y reconozco que estoy acostumbrado a Google. Supongo que Microsoft ejercerá presión mediante su navegador y su sistema operativo, pero esto ya lo hemos vivido antes. ¿Será suficiente?

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